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Curiosamente la ciencia también se ha adentrado en el papel de la investigación para estudiar y dar veracidad a todas esas habladurías de si eran reales esos seres creados hace tantos siglos y que son conocidos como vampiros.
Y quizás sorprenda a muchos que las características fundamentales que debe poseer un vampiro como el odio a los ajos, la necesidad de sangre, colmillos afilados, manos y dedos largos y puntiagudos, protegerse del sol, etc.… si que son ciertos.
Algunas mentes escépticas del campo de la ciencia, han encontrando una explicación lógica y razonable que se acercaría mucho a lo que se creía que sufría el ser mitológico. Hablamos de la Porfiria, una enfermedad autoinmune.

Esta enfermedad genética y hereditaria es conocida con este nombre ya que las personas que la padecen viven en un cuerpo que no es capaz de sintetizar las porfirias, sustancias que junto con ciertos metales ayudan al metabolismo del organismo y a la hemoglobina. Debido a este motivo, distintos compuestos químicos se van acumulando en dientes, huesos y piel, y por la acción de la luz sufren reacciones químicas dando el resultado de la destrucción del tejido o material que se encuentra alrededor.
Veamos ahora los síntomas que padecen estos enfermos:
- Fotosensibilidad: las porfirias al contacto con la luz reacciona químicamente y produce destrucción en los tejidos. Primeramente los órganos más expuestos serán los más afectados como las puntas de los dedos, nariz, encías,…se produce una oxidación del Oxigeno atómico con desprendimiento de la piel, flama e incluso humo. Es decir, va quemando a la persona poco a poco con el contacto de la luz del sol, convirtiendo sus manos en garras deformes.
El cuerpo activa un método de defensa, el cual consiste en el crecimiento rápido de bello en las partes más expuestas del enfermo, para proteger lo máximo de la luz.
Aparte, el deterioro del tejido superficial del rostro hace que estas personas se queden a la larga sin labios y encías. Con lo cual se dejan al descubierto los dientes que parecen más grandes y enrojecidos. (Mmmm ¿os recuerda algo a los típicos colmillos?).
- Como ya comente la porfiria es una enfermedad hereditaria, por tanto para que una persona sufra de porfiria requiere que los padres le hereden la enfermedad, por ello es una enfermedad muy poco común. Si la porfiria se extiende en un poblado pequeño es más fácil encontrar más casos así que una población grande. Y resulta curioso como en Transilvania se encuentra una incidencia notable de ésta. Esta es una de las hipótesis que se han planteado para explicar el mito de los vampiros en aquella región.
- Como la hemoglobina no puede sintetizar las porfirias, el enfermo sufrirá de anemias graves y por tanto tendrá un aspecto demacrado y un color más pálido de lo normal. (¿Quizás el color que pueda tener un no muerto?).
- Uno de los componentes principales del ajo es el Dialkilsulfito, un potente químico que destruye las proteínas hem (hemoglobina). Así pues no sólo es dañino su consumo, si no que su aspiración daña considerablemente al enfermo de porfiria. De ahí podríamos deducir la leyenda del odio de los vampiros a los ajos.
- A día de hoy no se ha encontrado una cura para la enfermedad, lo único más destacable para contraatacarla son las transfusiones de sangre, soluciones enzimáticas con Hem o Hemo. Pero la mayoría muere siendo muy joven. (Puede que de ahí venga la leyenda de que los vampiros eran eternamente jóvenes).
Antiguamente se experimentaba con transfusiones de sangre animal, pero claro está no era muy productivo para los humanos. ¿Y si alguien desesperado intento con otro tipo de sangre que no fuese animal para su cura? Y es que se sabe que algunos porfíricos llegaron a sentir la necesidad de beber sangre, para abastecerse de la falta de hemoglobina.
Fuente: www.sobreleyendas.com
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